1) Urge redistribución global de riqueza, pero también de autoestima y humildad. En esto último existe mucha desigualdad en el mundo.
2) La tendencia al exhibicionismo, a la sobredosis de autopublicidad y automarketing que, ocasionalmente, se encuentra por ahí me hizo recordar que una elección lleva inherente una renuncia, que el empleo de los recursos, como todo en esta vida, tiene "coste de oportunidad" y el tiempo no es una excepción.
3) Este país continua siendo berlanguiano. En versión remasterizada, pero manteniendo la misma esencia.
4) Pensaba que mi capacidad para sorprenderme se vería menguada conforme pasa el tiempo, pero lo cierto es que, cada vez que enciendo el televisor o leo el periódico, se incrementa progresivamente hasta rozar el shock.
5) No sé si l@s español@s tenemos infinita panciencia, si nos falta empoderarnos un poco como sociedad civil y luchar por nuestros derechos, si no somos conscientes de ellos, si ya no tenemos autoestima ni para darnos cuenta de eso, si preferimos quedarnos en casa y quejarnos mientras comulgamos con ruedas de molino en lugar de asumir la responsabilidad que tenemos o, sencillamente, es que somos gilipollas.
6) Al hilo de lo anterior, que el "pueblo tiene los gobernantes que merece"
7) Hay una clara asimetría en relación a la carga de trabajo, independientemente de su tipo y de su lugar, y se correlaciona con el género.
8) El principio de mediocridad de un tal P. Z. Myers, biólogo de la Universidad de Minnesota. Si nos aplicaramos todos y todas el cuento, otro gallo cantaría. El principio de mediocridad dice lo siguiente:
“El principio de mediocridad sostiene simplemente que no es usted
especial. El universo no gira en torno a su persona; este planeta no
cuenta con ningún privilegio singular, su país no es el resultado
perfecto de una secuencia de designios divinos; su existencia no se debe
al influjo de un sino orientador e intencional; y ese emparedado de
atún que se ha comido en el almuerzo no forma parte de una conjura
pensada para producirle una indigestión. La mayoría de las cosas que
suceden en el mundo son simples consecuencias de las leyes naturales,
leyes de carácter universal, puesto que rigen en todas partes y atañen a
la totalidad de lo existente, sin que haya excepciones especiales ni
amplificaciones que redunden en su beneficio personal (y siendo además
la diversidad un producto de la intervención del azar). Todo cuanto
usted, como ser humano, considera investido de una importancia cósmica,
es un accidente”.