jueves, 25 de agosto de 2011

El Hash


Quien mas y quien menos estará de acuerdo en que los ingleses son un pueblo muy dado a la originalidad. Una originalidad, ocasionalmente excéntrica, que persigue el diferenciarse del resto: “que se note que es inglés” y si tal, para que quede más claro, te plantan la Union Jack en formatos variados (los pasados imperialistas, que pesan mucho…).
Así tenemos el tema de conducir por la izquierda con el volante a la derecha, las cabinas rojas, los partidos de Cricket con su siempre apasionante y esperada final India-Pakistán, el Rugby, los Boys Scouts, la libra inglesa, que te salga la reina todo el rato en algunos billetes de los países de la Commonwealth (y digo algunos porque eso ya no es lo que era), el Cheque Británico, etc.
Que conste que yo no tengo nada en contra de los hijos e hijas de la Gran Bretaña. Al contrario, valoro mucho, entre varias cosas, sus contribuciones artísticas, especialmente musicales, su gran capacidad para hacer marketing de sí mismos e iconos con cualquier cosa  (logo del metro de Londres, el mapa del metro, Lady Di...por poner algunos ejemplos) o el precio de los CDs. Si hubiera sido inglesa, la de CDs que me habría comprado con mi paga de antaño !!!
Al hilo de esta originalidad tan bien exportada, quiero compartir un descubrimiento que me ha hecho Nigeria -otro más- que me tiene muy sorprendida: el Hash (si Hash, con “a” y nada que ver). El hash es una costumbre que surgió en 1938 cuando Inglaterra todavía era un imperio de esos en los que no se ponía el sol. Cuatro señores que andaban por Malasia, decidieron dejarse de sedentarismos y quedar para footing.  El caso es que tras varios meses, y por cuestiones diversas, les comunicaron que debían registarse como grupo, con sus estatutos y su nombre y todo. Y surgió “Hash House Harriers”. Debe ser que la cosa entusiasmó, se vendió bien y se extendió.
Básicamente, consiste en que un grupo de personas queda para correr o caminar por una ruta diseñada previamente. En Abuja se queda en un determinado lugar y se acude en caravana (30-40 coches en promedio). Hay una parada donde la gente se pone a beber (generalmente cerveza) y al final de la carrera se hace un círculo. En el formato nigeriano (que no sé si es el estándar o cada sitio tiene su folklore propio) se pone un WC con hielo. Se van sacando participantes al circulo a los que “castiga” de diversas formas y por diversos motivos: se tira cerveza en la cabeza del castigad@, te hacen sentarte en el WC, etc. Tienen su BSO propia: una cancioncita que van cantando mientras hacen la ruta. Cuando finaliza el proceso de castigo y se finiquita el asunto, los y las participantes se van a cenar por ahí y a beber.
Además de BSO, cada hash es temático con su propio merchandising –generalmente camisetas- que puedes adquirir por módicos precios, tienes tu nombre “hash” (lo mas peyorativo o políticamente incorrecto posible) con su bautismo y toda la parafernalia, existe una  estructura organizativa –nada de anarquías-, su jerarquía y todo.
Como se ha exportado muy bien, hay hash runs a lo largo y ancho de todo el mundo y, como toda organización respetable que se precie, tienen su cumbre internacional de alto nivel: “Interhash”.
Para apagar posibles curiosidades:
http://en.wikipedia.org/wiki/Hash_House_Harriers (también tiene versión en Español)

Finalmente, un último dato: se comenta que pocos españoles y españolas participan….
Hasta la próxima conexión! 










martes, 16 de agosto de 2011

First impressions of Earth

No sé muy bien qué sentiría un marciano si llegara a la Tierra, pero igual es una sensación bastante parecida a la que tienes cuando llegas a “mundos desconocidos”. Tras un nuevo alunizaje me reafirmo en la idea (mas bien sentir) que llegar a un lugar nuevo supone, además de empatizar mucho con los marcianos, un retorno a la infancia.

Cualquier cosa la vives con la emoción que de aquello que sucede por primera vez. Algunas de ellas realmente suceden por primera vez, otras en una versión nueva porque hasta la cosa más sencilla tiene su asunto.  Como consecuencia, te pasas el día preguntando todo –a veces obviedades (pero creo que no es buena herramienta el dar ciertas  cosas por sobreentendidas)- así que la mayor parte de tus conversaciones comienzan por un Cómo? Por qué? Dónde? Cuándo? y Cuánto? (como el típico niño preguntón) y el muy manido “es normal que….?” . Si a ello le unes el que tema del  idioma la cosa te puede llevar a vivir situaciones de lo más surrealistas y a tener conversaciones dignas de aparecer en una película de Tarantino.
En las primeras venticuatro horas aquí he temido ser la causante de un conflicto diplomático porque confundí a un abogado con un conductor de taxi que tenía que venir  y, por su reacción pensé que  era un señor muy muy importante (que más tarde descubrí que era un agente inmobiliario –como me dijo muy digno-),  que posteriormente me llevo a hacer una gestión muy amablemente y de paso a hacer business inmobiliario, he recibió 3 propuestas de matrimonio comprando un móvil, que por supuesto, tuvo burocracia y para activar mi teléfono tuve que completar un formulario de la compañía telefónica en el que me preguntaban mi religión y el nombre de mi madre (aunque no el apellido ojo!) además pasar la mayor parte del tiempo con cara de “comorrrr???” porque no pillo nada el acento.  He decidido dejar de fingir con el consabido asentimiento de cabeza mientras dices “si, si” riéndote porque no engaño a nadie: no me entero ni del NO-DO.

Para finalizar, tres hallazgos durante estas primeras horas:
-esa aspereza que esconde fraternidad
-una nueva versión del orden dentro del caos (entiendo caos como lo entendemos los occidentales).
-muchas ganas de reír y sentido del humor

Hasta la próxima conexión.