sábado, 29 de octubre de 2011

Sigue nevando ahí fuera


El ser humano es un ser social. Y en determinadas situaciones en cierto modo extremas, esa necesidad a veces saca lo mejor o lo peor de nosotros mism@s. Es curioso sentirse querida y aceptada por personas que no te conocen de nada. Te aceptan tal como eres. Te quieren tal como eres, omitiendo aquellas cosas que –en un entorno conocido- son factores determinantes hasta para decidir o no hablar la próxima vez contigo.  Gente que no volverás a ver, será tu familia durante un tiempo. Te cuidarán si estás enferma, estarán pendientes de ti, -te escucharán, te sacarán te casa, te acompañarán- como el/la mejor de tus amig@s cuando tengas un problema y/o estés sol@. Cuidarán aquellos detalles que pocas personas todavía cuidan (si alguna vez lo hicimos) después de conocerte desde hace tanto tiempo y, a pesar de que el tiempo pase, de que puede que nunca te vuelvas a encontrar, que viviendo en la misma ciudad no harás por coincidir. Guardarán en tu corazón un espacio especial y siempre serán recordadas, con melancolía y nostalgia. Sentirás tristeza por despedirte de ellas sabiendo que jamás volverás a verlas y, sobre todo, porque jamás volverás a compartir y a vivir lo que viviste con ellas y lo que te hizo unirte a ellas: un momento que no se volverá a repetir en un lugar determinado.
Sin embargo, entre estas cosas hay impersonalidad, necesidad, diplomacia…. Entre toda la gente que te encuentras y de la que estás rodeada, sentirás soledad. Sentirás soledad por la lejanía –no solo geográfica- por dejar de ser de aquel lugar donde mucho tiempo estuviste, de aquel lugar que te vio nacer, que te vio crecer, que en cierto modo participó en que tú seas lo que eres y como eras ahora, pero también por no ser del lugar donde en este momento estás, que te ve crecer y te hace crecer, de sentirte extraña rodeada de lo conocido, de sentirte extraña rodeada de desconocid@s. Sentirás soledad por sentirte que ya no eres ni de aquí ni de allí, por sentirte suspendida de ninguna parte, yendo de un lugar a otro. Pero entre toda esa soledad, encontrarás momentos de compañía, que por su escasez, serán mucho más intensos, mucho más gratificantes y mucho más agradecidos. Darás de ti misma en cuestión de meses, semanas o días aquello que te costó dar años. Porque el tiempo es relativo, y los sentimientos van al compas de esa relatividad y porque esto te hace ser consciente de lo rápidamente finito. De que no hay tiempo que perder, sobre todo para determinadas cosas.



miércoles, 5 de octubre de 2011

Lost in translation


Llevaba tiempo sin tener la oportunidad y la seguridad de poder hacer algo que me encanta: perderme por las calles de los lugares que no conozco. Desde hace un tiempo solo he podido hacerlo en Madrid -que no es precisamente un lugar desconocido- donde a veces me suelo perder sin buscarlo aunque eso se debe mas bien a mi absoluta incapacidad para orientarme. Lo bueno es que buscando o sin buscar el perderse siempre encuentro algún rincón nuevo o lo conocido lo veo con otra perspectiva que puede ser debido a esa sensación tan extraña de ser “extranjera en tu propia ciudad” que te hace ver el lugar donde has pasado la mayor parte de tu vida con los ojos de un medio turista pero sin serlo. En los otros lugares, bien por falta de tiempo y por mi manía de vivir los viajes a lo japonés, bien porque no era pertinente, no he podido perderme, sin ningún horario y sin esconderlo, sin aparentar que conozco el lugar porque es no conveniente parecer perdida.

Hoy he dedicado mi tarde libre a perderme por las calles de Dakar. Tranquilamente, dando vueltas y más vueltas, observando a sus gentes, lo que hacen, lo que hablan, sus gestos……y a desprenderme de esa enfermedad occidental de “no hay  tiempo que perder” tal y como nosotr@s entendemos el tiempo y su uso.

Buscando por el mercado de HLM (muy recomendable para comprar telas, tres blancas que vi en todo el mercado y servidora una de ellas), acabé en una tienda donde el vendedor estaba acostado dormitando. Se levantó, abordamos el asunto en cuestión, me sacó un taburete, me dio un abanico y un té e iniciamos una conversación en la que hablamos de los panes y los peces mientras negociábamos la tela en cuestión. Son  en los momentos de este tipo cuando me frustra no ser capaz de poder hablar bien un idioma, a pesar de que más o menos nos entendíamos y nos echamos alguna risa que otra (qué sentido del humor tiene esta gente). Hubiera estado toda la tarde allí tomando té y hablando de todo un poco para negociar el precio y, sobre todo, para acercarme un poco más a esta ciudad, para seguir admirando los recursos que tienen para entablar una conversación que puede durar horas, su capacidad para actuar y desempeñar diferentes papeles según la situación y clientela, su intuición.... y esa voluntad que nosotras y nosotros no tenemos de dedicar todo el tiempo que haga falta a venderte algo que puede que no compres. También es verdad que si lo haces, tu inversion compensa la suya con creces en este intercambio donde ambas partes salen ganando: ellos se llevan unos dinericos y tú, además de tu tela, algo difícil de encontrar. 

Hasta la próxima conexión 


sábado, 24 de septiembre de 2011

El día que me fui a comprar un colchón y un frigorífico


Nigeria está siendo para mí un poco como Hacienda para algunas cosas (que es inexorable y quieras o no te acaba tocando). Desde el comienzo de mi vida independizada y errante he ido evitando ciertas cosas a las que irremediablemente me tengo que enfrentar aquí: conducir (y comprarme) un coche y amueblar una casa. Hoy he empezado a enfrentarme a esto último. 

Pero también tengo que anunciar que hoy ha tenido lugar un hito en mi reciente historia nigeriana. Hemos salido de la rutina que me invadía desde hace unas semanas caracterizada por trabajar, no encontrar casa, seguir trabajando, seguir sin encontrar casa, preguntarme por qué no decidí otras orillas, por qué me meto yo en estos embolados, quién me mandará a mí, por qué no elegí la pastilla azul, etc.  El curso de los acontecimientos ha dado un giro muy muy esperado: he encontrado casa (y sin muebles como se deduce). Sé que leído no parece nada del otro mundo, pero hay que tener en cuenta que encontrar aquí una casa es un auténtico parto y que cualquier gestión, hasta comprarte el periódico, da pero para mucho.

Hoy he debutado en esto de amueblar una casa y de andar en temas de “mire usted que esto está roto, hay que arreglarlo”; “por favor esto no estaba así, repáralo”, que me pinten la casa porque en fin…..pero claro todo ello en plan negociándolo durante un buen rato porque aquí todo tiene su proceso. Al final decidí invitar al que lleva estos temas a comer (así en plan espontáneo) a ver si, confraternizando, hoy consiguiera que me pintaran la casa y bien.

Además de eso he ido a comprar unas cosas, de las esenciales para entrar a vivir. Me ha acompañado esta persona (y menos mal) y me ha llevado a un sitio que está a las afueras de Abuja donde la tierra, entre otras cosas, cambia de color y vuelve a ser roja. Durante los trayectos el taxista y la persona que me acompaño no pararon de discutir. El taxista protestando por todo: por el precio, porque una mototaxi se ponía en medio, porque si…el otro discutiendo con él y preguntándome de vez en cuando “entiendes lo que dice??” Una situación muy kafkiana, y yo preguntándome a mi misma si esto es algo excepcional o es que son así las cosas. Parábamos en un sitio, volvíamos al taxi y vuelta otra vez la discusión. A veces siento que mi vida es como si estuviera viendo un capítulo de Mr. Bean y una película de Ben Stiller todo junto.

Aparte de ver cuatro accidentes de tráfico en la carretera, sentirme que me ven como un euro con patas y demás historias, lo más grande de todo fue, cuando ya por fin!! había conseguido comprar una de las cosas viene un policía (o eso ponía en una especie de peto que llevaba), para el taxi dónde íbamos, nos empieza a preguntar -así muy tajante- que qué hacemos ahí mientras me miraba fijamente (y yo pensando “ya está, ha visto una blanca y ya se ha liado”) y nos hace salir del coche. Mira yo me sentía con en la peli de Diamante de Sangre. Un tío con una boina negra, un colgante con una cruz y una calavera, gritando y con un kalashnikov en la mano. Servidora con la sensación de que a ver como se gestiona esto que se lia……nos dice que empecemos a caminar, me imaginé de todo, que fijo me iba a pedir pasta, que encima blanca ya verás me iba a sablar…..Total que llegamos al supuesto “coche de policía” y se ponen todos ahí a darse la mano como si fueran colegas de toda la vida. Yo ya es que no entendía nada de esa situación. Pensé que igual se conocían, que era una especie de broma…Me preguntaron de dónde era, me dijeron algo sobre Barcelona dije que era de Madrid y recurrí al siempre socorrido tema del futbol. No hubo soborno. Cuando estábamos en el taxi, en vista de la situación con el resto de los policías del coche, le pregunté que si les conocía. Me dijo que no, y el sentimiento de no entender nada se hizo mas intenso aún. Aquí pasamos de mascarse la tragedia a cosas como que se den la mano así, de un buen rollo, y se pongan a hablar como si se conocieran de toda la vida, y otra vez a mascarse la tragedia, etc. y tu, en medio, intentando entender algo de lo que está pasando y con esa sensación de no saber si te la están liando, si no te la están liando…..

Le dije que por qué había pasado eso, y me dijo que eran “medidas de seguridad”……..Tengo que reconocer que pocas veces en la vida me he sentido tan segura como en aquella situación…

Y aquí termina la historia del día en me fui a comprar un colchón y un frigorífico. Y me quedan más cosas que comprar….

Hasta la próxima conexión.

Naturalmente!!


Hay determinadas cosas en la vida que son muy valoradas, y no me refiero a valor monetario o económico sino a algo mucho más, digamos, altruista. A bote pronto cosas como la rectitud, la honestidad, la sinceridad, la justicia, entre otras, y me atrevería a añadir la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad. Aunque su valor no sé si es considerado en términos absolutos o en términos relativos  como consecuencia de su escasez. En este mundo de recursos limitados y escasos, y en esta coyuntura actual donde la liquidez en los bancos brilla por su ausencia, la soberanía de los estados anda escaseando y los propios estados por lo visto también, resultan que la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad van en la misma proporción.

El ser natural, ser sencill@ y/o espontáne@ o por lo menos parecerlo es algo pero que muy raro, casi un exotismo e igual hasta pecado. Dado su exotismo estas cosas despiertan sentimientos muy encontrados, tanto fanáticos como detractores. Estos últimos no sé si son consecuencia de la falta de costumbre, que ante algo desconocido y, por ello, difícil de gestionar y a veces hasta imposible provoca colapso, rechazo y resulta que queda feo (porque lo vinculan a la presencia o ausencia de educación, el quedar bien, etc…que bueno…..)  así que más o menos implícitamente y más o menos inconscientemente se censura. Lo que habitualmente pasa con las minorías. 

Fíjate que con estas cosas del desarrollo, la generación de una clase media cada vez mayor que permita el acceso a las oportunidades antes vetadas a una elite, era quizás esperable (una espera un tanto ilusa por lo visto) el que se también se extendieran a un porcentaje mayor de la población ciertas cosas. Una especie de “quid pro quo”. Pero por lo visto no. Pero bueno también es cierto que vivimos en un mundo donde la imagen y la apariencia son fundamentales, es más, son lo único. No importa quién eres si no quién parece que eres. Y hasta al punto que estamos perdiendo incluso presencialidad en las relaciones con los demás. Ahora ya todo es on-line. Esa idea de “escenario” o esa “pantalla” que ven los demás de nosotr@s ha pasado a convertirse en una realidad tangible.  Y evidentemente, la naturalidad, la sencillez, la espontaneidad, etc. no son muy coherentes con estos tiempos que corren (y vete tú saber si lo fueron con otros tiempos que corrieron). 

En fin,  que son  buenos tiempos para la lírica, que  “lo natural” muy bien para el marketing y los anuncios de “BIO” pero se practica poco, lo espontaneo queda poco fino y lo sencillo tres cuartos de lo mismo (igual es porque si eres sencillo/a consumes menos).

Pero bueno con esto de apariencia, lo artificioso y tal se me ocurre lo que dijo en una ocasión un señor muy sapiente y muy lírico él. Algo así como que el “ser natural es la más difícil de las poses”.

Hasta la próxima conexión.







jueves, 25 de agosto de 2011

El Hash


Quien mas y quien menos estará de acuerdo en que los ingleses son un pueblo muy dado a la originalidad. Una originalidad, ocasionalmente excéntrica, que persigue el diferenciarse del resto: “que se note que es inglés” y si tal, para que quede más claro, te plantan la Union Jack en formatos variados (los pasados imperialistas, que pesan mucho…).
Así tenemos el tema de conducir por la izquierda con el volante a la derecha, las cabinas rojas, los partidos de Cricket con su siempre apasionante y esperada final India-Pakistán, el Rugby, los Boys Scouts, la libra inglesa, que te salga la reina todo el rato en algunos billetes de los países de la Commonwealth (y digo algunos porque eso ya no es lo que era), el Cheque Británico, etc.
Que conste que yo no tengo nada en contra de los hijos e hijas de la Gran Bretaña. Al contrario, valoro mucho, entre varias cosas, sus contribuciones artísticas, especialmente musicales, su gran capacidad para hacer marketing de sí mismos e iconos con cualquier cosa  (logo del metro de Londres, el mapa del metro, Lady Di...por poner algunos ejemplos) o el precio de los CDs. Si hubiera sido inglesa, la de CDs que me habría comprado con mi paga de antaño !!!
Al hilo de esta originalidad tan bien exportada, quiero compartir un descubrimiento que me ha hecho Nigeria -otro más- que me tiene muy sorprendida: el Hash (si Hash, con “a” y nada que ver). El hash es una costumbre que surgió en 1938 cuando Inglaterra todavía era un imperio de esos en los que no se ponía el sol. Cuatro señores que andaban por Malasia, decidieron dejarse de sedentarismos y quedar para footing.  El caso es que tras varios meses, y por cuestiones diversas, les comunicaron que debían registarse como grupo, con sus estatutos y su nombre y todo. Y surgió “Hash House Harriers”. Debe ser que la cosa entusiasmó, se vendió bien y se extendió.
Básicamente, consiste en que un grupo de personas queda para correr o caminar por una ruta diseñada previamente. En Abuja se queda en un determinado lugar y se acude en caravana (30-40 coches en promedio). Hay una parada donde la gente se pone a beber (generalmente cerveza) y al final de la carrera se hace un círculo. En el formato nigeriano (que no sé si es el estándar o cada sitio tiene su folklore propio) se pone un WC con hielo. Se van sacando participantes al circulo a los que “castiga” de diversas formas y por diversos motivos: se tira cerveza en la cabeza del castigad@, te hacen sentarte en el WC, etc. Tienen su BSO propia: una cancioncita que van cantando mientras hacen la ruta. Cuando finaliza el proceso de castigo y se finiquita el asunto, los y las participantes se van a cenar por ahí y a beber.
Además de BSO, cada hash es temático con su propio merchandising –generalmente camisetas- que puedes adquirir por módicos precios, tienes tu nombre “hash” (lo mas peyorativo o políticamente incorrecto posible) con su bautismo y toda la parafernalia, existe una  estructura organizativa –nada de anarquías-, su jerarquía y todo.
Como se ha exportado muy bien, hay hash runs a lo largo y ancho de todo el mundo y, como toda organización respetable que se precie, tienen su cumbre internacional de alto nivel: “Interhash”.
Para apagar posibles curiosidades:
http://en.wikipedia.org/wiki/Hash_House_Harriers (también tiene versión en Español)

Finalmente, un último dato: se comenta que pocos españoles y españolas participan….
Hasta la próxima conexión! 










martes, 16 de agosto de 2011

First impressions of Earth

No sé muy bien qué sentiría un marciano si llegara a la Tierra, pero igual es una sensación bastante parecida a la que tienes cuando llegas a “mundos desconocidos”. Tras un nuevo alunizaje me reafirmo en la idea (mas bien sentir) que llegar a un lugar nuevo supone, además de empatizar mucho con los marcianos, un retorno a la infancia.

Cualquier cosa la vives con la emoción que de aquello que sucede por primera vez. Algunas de ellas realmente suceden por primera vez, otras en una versión nueva porque hasta la cosa más sencilla tiene su asunto.  Como consecuencia, te pasas el día preguntando todo –a veces obviedades (pero creo que no es buena herramienta el dar ciertas  cosas por sobreentendidas)- así que la mayor parte de tus conversaciones comienzan por un Cómo? Por qué? Dónde? Cuándo? y Cuánto? (como el típico niño preguntón) y el muy manido “es normal que….?” . Si a ello le unes el que tema del  idioma la cosa te puede llevar a vivir situaciones de lo más surrealistas y a tener conversaciones dignas de aparecer en una película de Tarantino.
En las primeras venticuatro horas aquí he temido ser la causante de un conflicto diplomático porque confundí a un abogado con un conductor de taxi que tenía que venir  y, por su reacción pensé que  era un señor muy muy importante (que más tarde descubrí que era un agente inmobiliario –como me dijo muy digno-),  que posteriormente me llevo a hacer una gestión muy amablemente y de paso a hacer business inmobiliario, he recibió 3 propuestas de matrimonio comprando un móvil, que por supuesto, tuvo burocracia y para activar mi teléfono tuve que completar un formulario de la compañía telefónica en el que me preguntaban mi religión y el nombre de mi madre (aunque no el apellido ojo!) además pasar la mayor parte del tiempo con cara de “comorrrr???” porque no pillo nada el acento.  He decidido dejar de fingir con el consabido asentimiento de cabeza mientras dices “si, si” riéndote porque no engaño a nadie: no me entero ni del NO-DO.

Para finalizar, tres hallazgos durante estas primeras horas:
-esa aspereza que esconde fraternidad
-una nueva versión del orden dentro del caos (entiendo caos como lo entendemos los occidentales).
-muchas ganas de reír y sentido del humor

Hasta la próxima conexión.