lunes, 15 de diciembre de 2014

¿Y la escuela?

“¿Dónde están las escuelas?” pregunté a G., el conductor, tras pasar un pueblo tras otro y comprobar que habia niños en edad escolar sentados en la puerta de las casas. "Quizás están de vacaciones" pensé mientras trataba de disimular y contener lo emocionada que estaba con el paisaje, con el viaje y con todo. G. más tarde me confirmó que no era periodo de vacaciones.

Acababa de aterrizar en un aeródromo, en mitad –literalmente- de África y sentía como si hubiera viajado en el espacio y en el tiempo viviendo y gestionando todas estas novedades con esa calma, esa contención y esa distancia necesarias cuando no sabes lo que te espera.

Después de una sesión –no sé si con intención informativa, para testearme o para asustarme- me monté en el coche hacia la que sería Casa durante unos meses. “Todo va a ir bien” me repetía como un mantra. 

“¿Dónde están las escuelas?” pregunté a G. mientras miraba a mi alrededor la tierra roja, las chozas redondas de techo de paja, los niños que salían corriendo de ellas gritando “munyuuuuuu” mientras todos, niñxs y adultxs, saludaban el coche al pasar, con su sonrisa enorme pueblo tras pueblo.  “Madre mía” pensé “deberían estar aburridos de ver pasar a lxs mismxs una y otra vez y son capaces de entusiasmarse como si fuera la primera”.  Esa imagen, que se me ha quedado grabada para siempre, y la de un avispero de críos llamándome “munyu” a mi alrededor dándome la mano mientras intentaba avanzar me acompañarían durante muchos meses. Y busqué revivirlas durante ese periodo, ayudaba a equilibrar todo.

G. me respondió  “No hay escuelas” sin apartar la vista del camino y con ese gesto de seriedad indescifrable que tienen los que han sufrido mucho y visto mucho también. No seguí tratando de averiguar. No sabía si estaba tocando algo delicado así que decidí ser prudente y esperar. Hace tiempo aprendí que hay preguntas y comentarios, para nosotros intranscendentes e inocentes, que pueden no serlo en otras realidades. Nos acabábamos de conocer además. "Que no hay escuela!!" pensaba, en shock prácticamente.

Meses más tarde, en un trayecto hacia otro lugar pero con el mismo paisaje, volví a hacer la misma pregunta. Esta vez conducía B. y ya había pasado el suficiente tiempo y las suficientes cosas para tener esa confianza que estaba por construir al comienzo. B., que contra todo pronóstico resultó muy conversador, me contó que no había escuelas. Que la gente huyó de sus casas a causa de “les événements” y las escuelas públicas fueron ocupadas por la MISCA, que la mayoría de los niños no iban a la escuela y los profesores se quedaron sin trabajo. Pero incluso antes de los "événements" habia pocas y la gente tenía que desplazarse largas distancias caminando. Y que, a medida que se avanzaba en los cursos, habia cada vez menos y cada vez más lejos. Total que se ponía bien complicado seguir estudiando asi que la mayoría nunca llegaban a secundaria.

“Les événements” son el 0 allí y el tiempo se mide en función de eso, si ocurrió antes de “les événements” o después.  En realidad a todos nos pasan cosas que marcan un punto de inflexión en nuestra vida y definen un antes y un después, ya sean personales o más generales, como pudiera ser la actual crisis en España por poner un ejemplo reciente. El problema allá es que “événements” hay muchos y más bien seguidos y la mayoría son guerras o asimilados.

La vida antes de los “événements” no era por desgracia mucho más fácil pero si es cierto que estos últimos sucesos han hecho más difícil todavía la vida y el futuro de esta gente.

Desde hace dos años no salen promociones en las universidades. Es decir desde hace dos años no hay médicxs, abogadxs, ingenierxs, farmacéuticxs, físicxs, matemáticxs, químicxs……nuevos formados. La mayoria de los niños no aprenden ni a leer ni a escribir. La verdad que pensándolo detenidamente esa imagen de un ejército teniendo como base la escuela pública es una metáfora que resume bastante bien el presente y el futuro de ese país.

B. y yo continuamos hablando de otras cosas. Hablamos de su familia, de lo que estudió, de lo que le gustaba, de hacía cuánto tiempo trabajaba en la organización, de lo que le gustaría que pasara en su futuro. Me preguntó cómo se hacia uno piloto en España así que yo le conté lo poco que sabía, porque B. soñaba con ser piloto y volar.




Nota: Mas tarde averigué que algunas escuelas, no estales, funcionaban pero muy pocas. Poco antes de partir,  la MISCA comenzó a retirarse mientras llegaban los Cascos Azules asi que decidieron mudarse. La escuela quedó libre y las clases se reanudaron. A todxs nos emocionó mucho. 





viernes, 12 de diciembre de 2014

Huida hacia adelante

Tengo suerte. Antes o después he hecho lo que he querido y en lo que he creido. Pude y puedo elegir varios caminos aunque la verdad que parece que la vida, al final, te lleva y te trae por donde ella quiere.

Pude y puedo elegir varios caminos, redirigir, reanudar el camino, recular, recomenzar la marcha. Alguna vez es rectilíneo, la mayoría sinuoso, con alguna encrucijada e, incluso en ocasiones, en espiral. Este último es el más interesante, parece que es un circulo que se cierra, que tiene fin pero en realidad vuelves a hacer el mismo recorrido pero de una forma diferente. En realidad no se cierra, no hay fin, continua. El problema es que eso no lo sabes durante la marcha y puede dar la sensación de volver a lo mismo o a algo peor. Incluso a un callejón sin salida, que no te lleva a ninguna parte.

Sabina dice que “al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver”. Yo siempre he creído que “al lugar del que te quisiste ir no deberías tratar de volver”. Esto ultimo suena muy obvio, pero mi mas bien corta experiencia vital me ha demostrado que la vida y sus sucesos no suelen ser lógicos. Y el caso es que yo lo hice.  Volví al lugar donde fui muy feliz y continué el camino -que no sé si se convirtió espiral- regresando también al lugar del que me quise ir. No fue buscado, no fue deliberado. Digamos que la vida me acabo llevando a volver a pasar por esos lugares, y no dije que no. Quizás porque hay que cerrar ciclos para continuar, para pasar la página y quizás también por renovar los votos para darme cuenta que, efectivamente, sigo deseando lo mismo. Todavía no sé muy bien por qué. Quizás sea demasiado pronto para todavía para adivinar la razón que aun hoy no identifico, que me haga dejar de hacerme todos los días la misma pregunta “Pero ¿qué coño hago aquí? Lo que tenía sentido dejó de tenerlo”.

Además de suerte, tengo varios defectos. Uno de ellos a veces me ha servido de mucha ayuda: soy muy cabezona. Sí, soy perseverante y muy constante. Nunca me rindo.


lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Qué es la fotografía?

“Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.
Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía"
Carta de Sergio Larraín a su sobrino Sebastian Donoso