sábado, 24 de septiembre de 2011

El día que me fui a comprar un colchón y un frigorífico


Nigeria está siendo para mí un poco como Hacienda para algunas cosas (que es inexorable y quieras o no te acaba tocando). Desde el comienzo de mi vida independizada y errante he ido evitando ciertas cosas a las que irremediablemente me tengo que enfrentar aquí: conducir (y comprarme) un coche y amueblar una casa. Hoy he empezado a enfrentarme a esto último. 

Pero también tengo que anunciar que hoy ha tenido lugar un hito en mi reciente historia nigeriana. Hemos salido de la rutina que me invadía desde hace unas semanas caracterizada por trabajar, no encontrar casa, seguir trabajando, seguir sin encontrar casa, preguntarme por qué no decidí otras orillas, por qué me meto yo en estos embolados, quién me mandará a mí, por qué no elegí la pastilla azul, etc.  El curso de los acontecimientos ha dado un giro muy muy esperado: he encontrado casa (y sin muebles como se deduce). Sé que leído no parece nada del otro mundo, pero hay que tener en cuenta que encontrar aquí una casa es un auténtico parto y que cualquier gestión, hasta comprarte el periódico, da pero para mucho.

Hoy he debutado en esto de amueblar una casa y de andar en temas de “mire usted que esto está roto, hay que arreglarlo”; “por favor esto no estaba así, repáralo”, que me pinten la casa porque en fin…..pero claro todo ello en plan negociándolo durante un buen rato porque aquí todo tiene su proceso. Al final decidí invitar al que lleva estos temas a comer (así en plan espontáneo) a ver si, confraternizando, hoy consiguiera que me pintaran la casa y bien.

Además de eso he ido a comprar unas cosas, de las esenciales para entrar a vivir. Me ha acompañado esta persona (y menos mal) y me ha llevado a un sitio que está a las afueras de Abuja donde la tierra, entre otras cosas, cambia de color y vuelve a ser roja. Durante los trayectos el taxista y la persona que me acompaño no pararon de discutir. El taxista protestando por todo: por el precio, porque una mototaxi se ponía en medio, porque si…el otro discutiendo con él y preguntándome de vez en cuando “entiendes lo que dice??” Una situación muy kafkiana, y yo preguntándome a mi misma si esto es algo excepcional o es que son así las cosas. Parábamos en un sitio, volvíamos al taxi y vuelta otra vez la discusión. A veces siento que mi vida es como si estuviera viendo un capítulo de Mr. Bean y una película de Ben Stiller todo junto.

Aparte de ver cuatro accidentes de tráfico en la carretera, sentirme que me ven como un euro con patas y demás historias, lo más grande de todo fue, cuando ya por fin!! había conseguido comprar una de las cosas viene un policía (o eso ponía en una especie de peto que llevaba), para el taxi dónde íbamos, nos empieza a preguntar -así muy tajante- que qué hacemos ahí mientras me miraba fijamente (y yo pensando “ya está, ha visto una blanca y ya se ha liado”) y nos hace salir del coche. Mira yo me sentía con en la peli de Diamante de Sangre. Un tío con una boina negra, un colgante con una cruz y una calavera, gritando y con un kalashnikov en la mano. Servidora con la sensación de que a ver como se gestiona esto que se lia……nos dice que empecemos a caminar, me imaginé de todo, que fijo me iba a pedir pasta, que encima blanca ya verás me iba a sablar…..Total que llegamos al supuesto “coche de policía” y se ponen todos ahí a darse la mano como si fueran colegas de toda la vida. Yo ya es que no entendía nada de esa situación. Pensé que igual se conocían, que era una especie de broma…Me preguntaron de dónde era, me dijeron algo sobre Barcelona dije que era de Madrid y recurrí al siempre socorrido tema del futbol. No hubo soborno. Cuando estábamos en el taxi, en vista de la situación con el resto de los policías del coche, le pregunté que si les conocía. Me dijo que no, y el sentimiento de no entender nada se hizo mas intenso aún. Aquí pasamos de mascarse la tragedia a cosas como que se den la mano así, de un buen rollo, y se pongan a hablar como si se conocieran de toda la vida, y otra vez a mascarse la tragedia, etc. y tu, en medio, intentando entender algo de lo que está pasando y con esa sensación de no saber si te la están liando, si no te la están liando…..

Le dije que por qué había pasado eso, y me dijo que eran “medidas de seguridad”……..Tengo que reconocer que pocas veces en la vida me he sentido tan segura como en aquella situación…

Y aquí termina la historia del día en me fui a comprar un colchón y un frigorífico. Y me quedan más cosas que comprar….

Hasta la próxima conexión.

Naturalmente!!


Hay determinadas cosas en la vida que son muy valoradas, y no me refiero a valor monetario o económico sino a algo mucho más, digamos, altruista. A bote pronto cosas como la rectitud, la honestidad, la sinceridad, la justicia, entre otras, y me atrevería a añadir la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad. Aunque su valor no sé si es considerado en términos absolutos o en términos relativos  como consecuencia de su escasez. En este mundo de recursos limitados y escasos, y en esta coyuntura actual donde la liquidez en los bancos brilla por su ausencia, la soberanía de los estados anda escaseando y los propios estados por lo visto también, resultan que la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad van en la misma proporción.

El ser natural, ser sencill@ y/o espontáne@ o por lo menos parecerlo es algo pero que muy raro, casi un exotismo e igual hasta pecado. Dado su exotismo estas cosas despiertan sentimientos muy encontrados, tanto fanáticos como detractores. Estos últimos no sé si son consecuencia de la falta de costumbre, que ante algo desconocido y, por ello, difícil de gestionar y a veces hasta imposible provoca colapso, rechazo y resulta que queda feo (porque lo vinculan a la presencia o ausencia de educación, el quedar bien, etc…que bueno…..)  así que más o menos implícitamente y más o menos inconscientemente se censura. Lo que habitualmente pasa con las minorías. 

Fíjate que con estas cosas del desarrollo, la generación de una clase media cada vez mayor que permita el acceso a las oportunidades antes vetadas a una elite, era quizás esperable (una espera un tanto ilusa por lo visto) el que se también se extendieran a un porcentaje mayor de la población ciertas cosas. Una especie de “quid pro quo”. Pero por lo visto no. Pero bueno también es cierto que vivimos en un mundo donde la imagen y la apariencia son fundamentales, es más, son lo único. No importa quién eres si no quién parece que eres. Y hasta al punto que estamos perdiendo incluso presencialidad en las relaciones con los demás. Ahora ya todo es on-line. Esa idea de “escenario” o esa “pantalla” que ven los demás de nosotr@s ha pasado a convertirse en una realidad tangible.  Y evidentemente, la naturalidad, la sencillez, la espontaneidad, etc. no son muy coherentes con estos tiempos que corren (y vete tú saber si lo fueron con otros tiempos que corrieron). 

En fin,  que son  buenos tiempos para la lírica, que  “lo natural” muy bien para el marketing y los anuncios de “BIO” pero se practica poco, lo espontaneo queda poco fino y lo sencillo tres cuartos de lo mismo (igual es porque si eres sencillo/a consumes menos).

Pero bueno con esto de apariencia, lo artificioso y tal se me ocurre lo que dijo en una ocasión un señor muy sapiente y muy lírico él. Algo así como que el “ser natural es la más difícil de las poses”.

Hasta la próxima conexión.