jueves, 26 de febrero de 2015

Pit Stop

"El pit stop, también conocido como parada en boxes, es un término utilizado en las carreras de motor para hacer referencia al lugar en el que un automóvil que compite en la carrera puede repostar, cambiar los neumaticos, hacer reparaciones o ajustes mecánicos o cambiar el conductor.

Las paradas en el pit stop permiten a los coches llevar menos combustible y utilizar neumáticos de menor duración, lo que a su vez les permite mejorar el rendimiento en carrera. Los equipos normalmente planean un número de paradas determinado para cada carrera, en función de las características del vehículo, capacidad de combustible, consumo, vida útil de los neumáticos y un estudio comparativo entre el tiempo que pierde el vehículo en cada parada y el tiempo que se gana por la mayor eficiencia del vehículo en pista.

Las paradas técnicas tienen una gran importancia en el curso de la carrera, y la mayoría de equipos suele diseñar una estrategia técnica específica para cada circuito. Así, un vehículo puede iniciar la carrera con menos combustible -lo que le hará ser más ligero y más rápido- o escoger neumáticos de diferentes durezas según las condiciones de la pista. Las paradas tienen un gran valor estratégico, en tanto que el tiempo invertido en estas intervenciones de mantenimiento pueden significar una gran diferencia en el orden de carrera (.....). La optimización de esta estrategia de pit, el número de paradas y el momento en que se hacen tienen un valor crucial en el resultado de la carrera". 

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Pit_stop


 Foto: www.authormagazine.com


viernes, 13 de febrero de 2015

Marcianismos: El Metro

Te acuerdas de cosas muy raras cuando estás dando vueltas por los planetas. Además de tu familia y tus amigos, cada persona recuerda cosas de lo más variopinto sin acertar a saber por qué te acuerdas de eso. Y no porque lo eches de menos necesariamente. O no de forma consciente. Yo siempre me acuerdo el metro. No me preguntes por qué. No lo sé. Quizás porque creo que he vivido más horas ahí que en mi casa.

Cuando vas a volver “a Casa”, se suele preguntar en algunos foros y ámbitos “Qué será lo primero que harás al llegar a tu país?”. Además de dormir, un baño caliente, la familia, comer comida rica y todo el repertorio de anhelos estándares que todo el mundo suele tener, yo digo que tomarme un gin-tonic. Y mientras lo digo me viene a la cabeza el metro.

El caso es que según se acerca el momento de llegar a casa, pienso en el metro. Y pienso lo raro que será viajar en metro, entender todas las conversaciones de la gente, los anuncios, etc Entender toooooda la información que se mueve a tu alrededor. A pesar de las jaranas en las que llegas a vivir durante meses, cuando estas en planetas donde no hablas el idioma local y/o prácticamente eres impermeable a cierta información, bien porque no la entiendes, bien porque no la hay (no hay publicidad, no hay anuncios, no hay carteles), esto de meterte de repente en esta sobreestimulación en la que vivimos por estas regiones acojona. A mí me acojona por lo menos. Pensarlo sobre todo. Pero en lugar de pensar en la Gran Vía o un centro comercial, me acuerdo del metro. Y del gin-tonic, claro.

Y es precisamente en el metro donde se da el debut del marcianismo. Ya de entrada, cada vez que he alunizado por estos lares, algo nuevo pasaba en el metro. Nuevo y desconcertante. Para mí por lo menos, que soy poco cosmopolita al parecer. Los cambios normalmente son de tipo económico –a la alza obviamente- y técnico. Por razones que desconozco, en el metro del aeropuerto de Barajas esto de la “mejora continua” se lo han tomado muy en serio. Así que cada seis meses, ponen otro suplemento, cambian la máquina, cambian de sitio donde tienes que pagar el suplemento o crean una nueva máquina para el suplemento. 

En estos casos el protocolo suele ser el mismo: llego, hordas de gente por todas partes, hago cola,  me doy cuenta del cambio, me acerco a la máquina, la miro fijamente, flipo con la subida del billete, pienso “que eso no puede ser tan difícil”, “que eso lo has hecho muchas veces”, “que tú eres de aquí, de Madrizzzzz”, veo que igual la lio, pienso que igual es que ese no es el modelo de máquina que tengo que utilizar, hago otra cola, llego a la máquina, pienso “que eso no puede ser tan difícil”, “que eso lo has hecho muchas veces”, “que tú eres que tú eres de aquí, de Madriz”, veo que igual la lio, me decido a buscar a un trabajador del metro, el trabajador te suelta “s’hombre sssi esssto es mu faciiiil” con este deje madrileño. "Tu eres de aquí verdad?" con esa cara de "pero como que no sabes esto". Creo que la pregunta suele estar motivada por mi inconfundible acento de Carabanchel, porque imagino que en el metro del aeropuerto algún extranjero llegará el pobre o la pobre, sin saber necesariamente como utilizar la maldita máquina de los suplementos…. Me explica muy amablemente algo en apariencia fácil e intuitivo, a mí me dan ganas de coger el avión otra vez de regreso, pago y entro en el metro. Es difícil de explicar, pero es una de estas situaciones en las que me siento muy extranjera.

Una vez que estoy viajando dentro del vagón, entramos en la segunda fase que consiste en flipar con lo ordenado que esta todo y con los rasgos de la gente. Esto último dependiendo de donde regrese. Cuando vas a otro lugar donde los rasgos de la gente son diferentes a los europeos, todos te resultan muy parecidos al principio, necesitas tiempo para aprender a diferenciar los detalles de los rasgos, etc. Pero llega un momento en el que te haces al fenotipo, como dice un amigo mío. Bueno pues eso mismo te pasa cuando regresas y te montas en el metro. A mí se me hace rarísimo ver a la gente. Son como exóticos pero no, porque son los rasgos que llevo viendo casi toda mi vida y que, por cierto, son los míos. Por supuesto intento que no se note que los veo así:


Mientras nos vamos preparando en esto de que durante un tiempo todos nos veremos así:





viernes, 6 de febrero de 2015

Marcianismos: Intro

El Marcianismo es un fenómeno complejo, interesante, desconcertante en ocasiones, y si lo vives en el que era tu planeta es, sobre todo, algo francamente incómodo. Yo creo que es un poco como la  mili: una experiencia, en su momento obligatoria, que a toro pasado te hacía hasta gracia. Vivirla ninguna o casi ninguna para la mayoria. 

Durante los últimos años el marcianismo se convirtió en un modo de vida con el que, por cierto, no me sentía especialmente incómoda, al contrario. Pero claro, vivía en una situación -digamos- equilibrada. Compensaba el marcianismo este de "el que era tu planeta" con el que mola, el de otros planetas. Para aquellxs a lxs que  nos va la marcha, ese es lo más grande que se ha inventado hasta el momento. Así que el proceso de aberración y rarunez máxima lo sobrellevaba porque, total, más tarde o más temprano iba a tirar de carretera y manta otra vez.

Ahora no estamos en ese escenario por el momento. Hemos decidido cambiar de baile y meternos en una situación inaudita!! y desconocida que viene siendo, en plena vida alienígena y porque yo lo valgo, salir de la zona de confort (cada uno tiene la suya, la mía es la que es para muchxs la zona de "no-confort") y hacer vida terrícola con  los terrícolas.....te puedes imaginar.....y para más inri con alguna "Primera vez" en ciertas cosas. Eso me ha llevado a empatizar pero muchísimo con el tío Matt -de Fraggel Rock- cuando salía de las cavernas esas donde vivían y el tío flipaba con las cosas que veía. Por ejemplo, un tío echando una carta en un buzón. Yo me paso la mayor parte del tiempo así: en shock. Y con cosas que seguro que son de lo más normal.

El caso es que el shock está siendo un sentimiento -al parecer- recíproco dado que una gran parte de los terrícolas que se cruzan conmigo se ven contagiadxs de esta emoción. Vaya por delante que yo saco todo el lado más flemático que puedo, aunque no sé si con éxito. El grado máximo lo alcanzamos muy habitualmente en "Esta-nuestra-Comunidad", que me ha ayudado a descubrir que no he tenido una vida decente, visto lo visto yo creo que no llego al calificativo de "sobrevivir" dada la cantidad de veces que experimento este momento de taaaan de aquí -que me aburre muchisimo por cierto- de "cómo puedes vivir sin saber eso", "como es posible que salgas a la calle sin que te guste lo que a mi me gusta, sin que sepas lo que yo sé, etc. etc.". En fin, viviendo al límite como podréis intuir.

La interacción con los terrícolas de "Esta-nuestra-Comunidad", de vida "normal" en su máximo exponente y de lo que hablaré en el futuro mas en detalle, entre otros lugareños me ha hecho darme cuenta de varias cosas:
-tengo un concepto de gravedad y de su ponderanción -de lo que es grave y lo que no- “raros”,
-tengo un concepto de lo que es un problema y lo que no “raros”,
-que he vivido en otro planeta pero durante décadas en vista de  mi ignorancia en las cosas “normales”,
-que gran parte de mi entorno terrícola no se ha prodigado en esto de saber, experimentar y vivir las cosas “normales”,
-lo peligroso y limitante que es el estancamiento y ciertos tipos de homogeneidad, por citar algunas.

A todo esto  hay que añadirle sentirse Calimero que recién salió del campo de la España post-franquista junto a la sensación de tener más dificultades para comunicarse de manera eficaz y ser entendidx aquí, en tu propio idioma, que en otros lugares donde a veces ni siquiera hablaba la lengua local. 

En fin, por todo ello, creo que el tema merece un espacio propio y especifico. Así que las circunstancias obligan a  inaugurar la serie Marcianismos porque la vida alienígena en la tierra lo merece y da para mucho. Es de lo más folclórico por lo que estoy viendo y viviendo.


Queda inaugurada, pues, ésta serie.