Sin embargo No me llames fotografo de guerra no solo habla de fotoperiodismo. También habla del deseo y de la necesidad de moverse, de dar testimonio y de contar la verdad; de intentar "hacer algo" y de las barreras y la indiferencia que aparecen. Habla de ética, de moral, de hipocresía. Habla de la pasión por hacer lo crees y creer en lo que haces. Cuando trabajo, causa y pasión convergen y emprendes ese camino muchas veces sin retorno. Habla del conocimiento de los limites, de la definicion de otros nuevos, de los dilemas éticos, del sentido de lo que se hace, de la superación, del miedo, de jugársela por lo que crees y de los costos: las pérdidas -físicas y emocionales, propias y cercanas- las renuncias, los riesgos, la trasnformación propia, las dudas eternas, el descubrimiento del lado más oscuro del ser humano, de lo que te desgastas, de lo que te dejas y te llevas a cambio.
Gran banda sonora por cierto.
