Hay determinadas cosas en la vida que son muy valoradas, y no me refiero a valor monetario o económico sino a algo mucho más, digamos, altruista. A bote pronto cosas como la rectitud, la honestidad, la sinceridad, la justicia, entre otras, y me atrevería a añadir la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad. Aunque su valor no sé si es considerado en términos absolutos o en términos relativos como consecuencia de su escasez. En este mundo de recursos limitados y escasos, y en esta coyuntura actual donde la liquidez en los bancos brilla por su ausencia, la soberanía de los estados anda escaseando y los propios estados por lo visto también, resultan que la naturalidad, la sencillez y la espontaneidad van en la misma proporción.
El ser natural, ser sencill@ y/o espontáne@ o por lo menos parecerlo es algo pero que muy raro, casi un exotismo e igual hasta pecado. Dado su exotismo estas cosas despiertan sentimientos muy encontrados, tanto fanáticos como detractores. Estos últimos no sé si son consecuencia de la falta de costumbre, que ante algo desconocido y, por ello, difícil de gestionar y a veces hasta imposible provoca colapso, rechazo y resulta que queda feo (porque lo vinculan a la presencia o ausencia de educación, el quedar bien, etc…que bueno…..) así que más o menos implícitamente y más o menos inconscientemente se censura. Lo que habitualmente pasa con las minorías.
Fíjate que con estas cosas del desarrollo, la generación de una clase media cada vez mayor que permita el acceso a las oportunidades antes vetadas a una elite, era quizás esperable (una espera un tanto ilusa por lo visto) el que se también se extendieran a un porcentaje mayor de la población ciertas cosas. Una especie de “quid pro quo”. Pero por lo visto no. Pero bueno también es cierto que vivimos en un mundo donde la imagen y la apariencia son fundamentales, es más, son lo único. No importa quién eres si no quién parece que eres. Y hasta al punto que estamos perdiendo incluso presencialidad en las relaciones con los demás. Ahora ya todo es on-line. Esa idea de “escenario” o esa “pantalla” que ven los demás de nosotr@s ha pasado a convertirse en una realidad tangible. Y evidentemente, la naturalidad, la sencillez, la espontaneidad, etc. no son muy coherentes con estos tiempos que corren (y vete tú saber si lo fueron con otros tiempos que corrieron).
En fin, que son buenos tiempos para la lírica, que “lo natural” muy bien para el marketing y los anuncios de “BIO” pero se practica poco, lo espontaneo queda poco fino y lo sencillo tres cuartos de lo mismo (igual es porque si eres sencillo/a consumes menos).
Pero bueno con esto de apariencia, lo artificioso y tal se me ocurre lo que dijo en una ocasión un señor muy sapiente y muy lírico él. Algo así como que el “ser natural es la más difícil de las poses”.
Hasta la próxima conexión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario