Andan los tiempos convulsos y el
cosmos revuelto. Se desorganiza lo que ya estaba organizado. Las piezas del puzzle
parece que se separan y ahí andan a ver quién es el primero que las coloca a su
gusto. Son épocas de incertidumbre y de miedo. De miedo al vacío que
produce el que lo organizado se desorganice y al desconocimiento de qué nueva
forma se va adoptar. Y sin duda, a nivel macro, las perspectivas no son muy
halagüeñas para la mayoría de las personas que poblamos este mundo.
No obstante, si vemos el vaso
medio lleno, los periodos de crisis –en la esfera que sea y al nivel que sea-
ofrecen un espacio de oportunidad y de reflexión que, en momentos de mayor
seguridad y organización, serían difíciles de crear. Es, en momentos como estos,
cuando se evalúa y se replantea. Como los propósitos de Año Nuevo (que si dejo
de fumar, que si me pongo a régimen, que si hago ejercicio todos los días),
pero a lo grande. Es, cuando se está suspendida en el vacío, sin ver dónde se
va aterrizar, cuando se reflexiona por dónde hemos ido, por dónde queremos ir,
cómo queremos ir y a dónde nos gustaría llegar. Es una oportunidad para identificar lo que hay que cambiar, lo que está fallando, lo que causa daño. Es cuando los
términos eficiencia y eficacia están más presentes: qué es lo
que hemos hecho hasta ahora, cómo lo hemos hecho, con qué recursos y costa de
qué y cómo podemos mejorarlo de ahora en adelante.
Así que apelando al optimismo,
pensemos en clave de oportunidad y empecemos a darnos cuenta de las jugadas que
podemos hacer con las cartas que nos quedan. La partida puede que acabe de empezar.
,) buena reflexión compañera¡¡
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