domingo, 28 de julio de 2013

Silencio


 "Las personas que escriben libros de historia dedican demasiada atención a los llamados momentos sonados y no prestan la suficiente atención a los períodos de silencio. Se trata de una falta de intuición, tan infalible en cualquier madre cuando se da cuenta de que de la habitación de su hijo no le llega ningún ruido. La madre sabe que ese silencio no presagia nada bueno. Que es un silencio en el que acecha algún peligro. Corre hacia allí sabiendo que su intervención es imprescindible, corre porque siente que el mal flota en el aire. El silencio en la historia y en la política desempeña el mismo papel. Es seña de una desgracia y, a menudo, de un crimen. Es un instrumento político tan eficaz como puede serlo el esgrimir las armas o los discursos en un mitin. Necesitan del silencio los tiranos y los ocupantes que velan para que su actuación pase inadvertida. Advirtamos con cuándo celo lo cuidaron y lo mimaron todos los colonialismos. Con qué discreción trabajó la Santa Inquisición. Con qué empeño evitó toda publicidad Leónidas Trujillo.

¡Cuánto silencio emana de los países poblados de cárceles llenas a rebosar! Del país de Somoza, del país de Dulavier. ¡Cuánto esfuerzo le cuesta a cualquiera de estos dictadores mantener el ideal estado de silencio que, sin embargo, cada dos por tres aparece alguien dispuesto a violar!¡Cuántas víctimas causa y qué costes ocasiona! El silencio tiene sus leyes y sus exigencias. El silencio exige que los campos de concentración se levanten en lugares apartados. El silencio precisa de un aparato policial gigantesco. Necesita de todo un ejército de delatores. El silencio exige que sus enemigos desaparezcan de repente y sin dejar rastro. No permite que ninguna voz, de queja, de protesta, de indignación turbe su paz y tranquilidad. Si aun así la voz se deja oír, allá donde suene, el silencio golpeará con toda su fuerza y restablecerá el estado anterior, es decir, el ideal estado de silencio.

El silencio posee la facultad de expandirse, de ahí que utilicemos expresiones como “el silencio lo envolvía todo” o “el silencio reinaba por doquier”. También tiene la capacidad de aumentar de peso, y de ahí que hablemos del “peso del silencio” igual que hablamos del peso de los cuerpos sólidos o líquidos.

La palabra “silencio” casi siempre aparece asociada con expresiones como “cementerio” (silencio sepulcral), “campo después de una batalla” (reducir al silencio al enemigo), “mazmorras” (el silencio de las mazmorras). No se trata de asociaciones casuales.

Hoy en día se habla mucho de combatir el ruido, cuando combatir el silencio es mucho más importante. En la lucha contra el ruido está en juego la tranquilidad de nuestros nervios, mientras que en la lucha contra el silencio lo que está en juego es la vida humana. Nadie justifica ni defiende al que hace mucho ruido; en cambio, aquel que en su país impone el silencio siempre está protegido por un gran aparato de represión. Por eso la lucha contra el silencio resulta tan difícil.

Sería muy interesante que alguien investigara en qué medida los sistemas mundiales de comunicación de masas trabajan al servicio de la información y hasta qué punto trabajan al servicio del silencio. ¿Qué abunda más: lo que se dice o lo que se calla? Se puede calcular con facilidad el número de personas que trabajan para la publicidad ¿Y si se calculase el número de personas que trabajan para que las cosas se mantengan en silencio?¿Cuál de las dos cifras sería mayor?"

 Kapuściński R. (1971)

No hay comentarios:

Publicar un comentario