martes, 4 de febrero de 2014

Hacerse el sueco en España

Gran país España!!! Y no lo digo porque sea española, que también. Pero hay que reconocer que se vive bien si eres turista -sobre todo extranjer@- jubilad@, politic@ o corrupt@. No pongo la mano en el fuego por el lugar que me vio nacer si eres un@ trabajador@. Además de la gastronomía, los paisajes, la vida en la calle, el clima, los bares con su suelo lleno de mierda y gente dando voces, las terrazas, las cañas, las tapas, el café cortado y con hielo, las copas, las pipas y los parques, la playa, sus chiringuitos, las aceitunas, etc. lo que más destacaría de España es que es un país increible para hacerte el sueco. Mejor que Suecia, dónde va a parar! Lo que pasa hay modalidades -las que molan- que no son para todo el mundo. Es un privilegio de las castas elevadas. El resto de l@s mortales nos podemos hacer los suec@s de vez en cuando, muy en plan "de andar por casa" y con consecuencias muy modestas y anecdóticas. Para muestra un botón: una "menestra" y la abnegada esposa de un deportista convertido en aristócrata.

El caso de nuestra "menestra" es la clara demostración de muchas cosas. Por ejemplo, el  no haber superado la moral victoriana y seguir viviendo en el tardofranquismo. Siguen dando coletazos y hasta gozando de muy buena salud según en qué casos.

Nuestra "menestra", por aquello del juramento que hizo en un templo, el "qué dirán", el guardar las apariencias y por convicciones, convivía o se debía cruzar a diario con su cónyuge -por aquel entonces alcalde de un rico poblao madrileño- donde tenían sita su residencia pero se ve que no debían hablar mucho. Vamos que dos que se encuentran en un ascensor tienen más comunicación.  Esto de puertas para adentro. De puertas para fuera ya me los imagino como una pareja bien avenida, ejemplar, acudiendo al rollo de los pájaros e incluso permitiéndose algún besillo furtivo, casto eso si.

Su ahora ex-esposo y ex-alcalde fue de esos que abundan tanto por nuestra nación y parte del extranjero que supo rentabilizar mucho el dedicarse a la "cosa pública". Ella no sabía nada, claro. Casada con él, vivía con él pero ni idea tú! porque la ausencia de esa relación bajo el mismo techo explica, al parecer, la falta de extrañeza ante el hechos tan evidentes como que te aparquen en la puerta de tu chalé cada día un coche de lujo distinto. Eso unido a la costumbre y la cantidad, digo yo. Cuando todos los días hay mucho, uno más uno menos no se distingue. Otra opción es que estuvieran en esa dinámica del orgullo  de "antes muero de preguntarle que hace un OVNI aparcado en el jardín". Por no mencionar los viajes gratis, los regalos de la comunión de la niña, los regalos del cumpleaños de la niña, etc, etc. 

Y aquello que se ocultó durante años por aquello del juramento que hizo en un templo, el "qué dirán", el guardar las apariencias, porque nos va la ornitología.....por las cosas del querer vaya! Pero claro, llega un momento que en "La realidad se abre sola y no se deja cerrar" como decía una señora muy sabia y culta. Y ante la sospecha de complicidad se hizo uso de este recurso que comentaba al principio: hacerse la sueca. Pero como lo de "oye tú, ni idea" de los tejemanejes del maromo, casados en gananciales, por la iglesia y viviendo bajo el mismo techo sonaba raruno, fue menester confesar públicamente esta vida tan victoriana. Y le ha funcionado, porque nuestra "menestra" no solo no ha dimitido, como es tradición en nuestro querido país, sino que no está ni imputada porque su delito ha prescrito.

Otro caso de suequismo agudo es el de la esposa de nuestro campeón olímpico que pasó a aristócrata y empresario, de esta tipología endémica en nuestra santa patria. Nuestro campeón olímpico acabó con un posgrado en un prestigioso centro dedicado a formar e investigar en esto del "bisnes" e hizo amiguitos. Uno de ellos lo vio claro: era el momento, vamos a dar el salto, yo pongo el cerebro y tú la belleza y los contactos, sé la cara amable del tándem y vamos a pachas. Y sí, se lanzaron al negocio estrella de este país: lucrarse a costa del erario público. Y les fue bien. Si, si les fue bien, olía raro, pero les iba bien hasta que ya empezó a oler demasiado.

La esposa de nuestro campeón olímpico que pasó a aristócrata y empresario, como era de esperar, no sabía nada. Ella ahí con su rollito social, en la banca, viviendo en un casoplón de agarrate los machos, con cargo en alguna de las sociedades que montó nuestro campeón olímpico y su amigo -el que ponía el cerebro-, pero ella ni idea. Estas cosas del querer!

No obstante, este tipo de suequismo todavía está pendiente de ser catalogado y analizado. Actualmente la sujeta aquejada se encuentra inmersa en un proceso cuyo desarrollo y resultados nos permitirán definir más claramente la sintomatología y tipología.

Sin embargo, podemos concluir de forma premilimar que este país es efectivamente mu grande para hacerse el sueco. Sobre todo si perteneces a determinadas castas y/o tienes amiguitos en ellas, aunque en este último caso el privilegio del suequismo es arriesgado. Mira si es genial, que si no lo haces tú, hasta el Estado lo puede hacer por ti. Yo no creo que el Estado Sueco se enrolle tanto.






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