domingo, 2 de febrero de 2014

Mi Generación

Pertenezco a esa generación que fue criada, crecida y educada en la creencia de que la formación es una inversión para la oportunidad. "Estudia para labrarte un porvenir" decían.

Recuerdo ser pequeña y no tan pequeña  y ver y escuchar como gente con un título universitario conseguía un trabajo medianamente decente en un país que nunca se ha caracterizado por la calidad y cantidad de su mercado laboral ni por unas condiciones justas para sus trabajadoras y trabajadores. Recuerdo sentir una gran admiración por aquellas personas que trabajaban en el extranjero y por aquellas personas que no solo tenían una carrera, sino dos, posgrados, doctorados... y/o hablaban idiomas. Lo vívía como algo inalcanzable y propio de clases sociales diferentes de la que yo vengo.

Pertenezco a esa generación que dicen que es la mejor preparada de la historia de este país, constituida por hombres y mujeres que poseen una o varias carreras, que han estudiado uno o varios másteres, que tienen doctorados y que hablan varios idiomas además de haber estudiado y trabajado en el extranjero. Y que, en la treintena, en ese periodo de -supuesto- mayor desarrollo profesional se da cuenta de que fue criada, crecida y educada de acuerdo a unos parámetros que no funcionan.

Pertenezco a esa generación a la que ve que le cierran las puertas, a la que -con suerte- va a entrevistas de trabajo donde la lista de requisitos minimos cada año se hace mas interminable y donde se trata de comprobar qué mínimo detalle desconoces para descartarte, donde parece que tienes que haber trabajado 30 años para optar a un puesto de trabajo propio de una persona de 30 años. Que comprueba y ratifica el grado de deshumanización y despersonalización en el que nos encontramos: las organizaciones están compuestas de personas que olvidaron que trabajan con personas. Y qué suscribe que el trafico de influencias no solo siempre funcionó sino que se encuentra en su máximo esplendor. "Quien tiene padrino no hace falta que le bauticen" dice el refranero español.

Pertenezco a esa generacion que se pregunta qué más necesitan las organizaciones, además de experiencia profesional en todo!! cosa que -por cierto- sin trabajar es bien dificil de tener. Que se indigna cuando ve el nivel de exigencia que se pide para un determinado puesto de trabajo a cambio de salarios y condiciones que sonrojan a cualquiera, ofrecidos -en ocasiones- por organizaciones con fines sociales dirigidos a garantizar derechos y justicia. Que se da cuenta que todo el esfuerzo propio y familiar para conseguir todo ese "intangible" que te garantizaría "un porvenir" no parece dar sus frutos. Que no sabes muy bien qué hacer, por qué camino tirar en busca de esas oportunidades para "labrarlo".

Hoy, todos esos pequeños y pequeñas nos observan de la misma forma que yo recuerdo hacerlo. Quizás con un sentimiento bien diferente al que tenía yo en relación a esa educación y sus resultados. Que no nos extrañe que en un futuro, esa eseñanza que estamos transmitiendo se traduzca en personas con una valoración y preparación intelectual bastante diferente y con las consecuencias sociales que ello implica.







No hay comentarios:

Publicar un comentario