viernes, 13 de febrero de 2015

Marcianismos: El Metro

Te acuerdas de cosas muy raras cuando estás dando vueltas por los planetas. Además de tu familia y tus amigos, cada persona recuerda cosas de lo más variopinto sin acertar a saber por qué te acuerdas de eso. Y no porque lo eches de menos necesariamente. O no de forma consciente. Yo siempre me acuerdo el metro. No me preguntes por qué. No lo sé. Quizás porque creo que he vivido más horas ahí que en mi casa.

Cuando vas a volver “a Casa”, se suele preguntar en algunos foros y ámbitos “Qué será lo primero que harás al llegar a tu país?”. Además de dormir, un baño caliente, la familia, comer comida rica y todo el repertorio de anhelos estándares que todo el mundo suele tener, yo digo que tomarme un gin-tonic. Y mientras lo digo me viene a la cabeza el metro.

El caso es que según se acerca el momento de llegar a casa, pienso en el metro. Y pienso lo raro que será viajar en metro, entender todas las conversaciones de la gente, los anuncios, etc Entender toooooda la información que se mueve a tu alrededor. A pesar de las jaranas en las que llegas a vivir durante meses, cuando estas en planetas donde no hablas el idioma local y/o prácticamente eres impermeable a cierta información, bien porque no la entiendes, bien porque no la hay (no hay publicidad, no hay anuncios, no hay carteles), esto de meterte de repente en esta sobreestimulación en la que vivimos por estas regiones acojona. A mí me acojona por lo menos. Pensarlo sobre todo. Pero en lugar de pensar en la Gran Vía o un centro comercial, me acuerdo del metro. Y del gin-tonic, claro.

Y es precisamente en el metro donde se da el debut del marcianismo. Ya de entrada, cada vez que he alunizado por estos lares, algo nuevo pasaba en el metro. Nuevo y desconcertante. Para mí por lo menos, que soy poco cosmopolita al parecer. Los cambios normalmente son de tipo económico –a la alza obviamente- y técnico. Por razones que desconozco, en el metro del aeropuerto de Barajas esto de la “mejora continua” se lo han tomado muy en serio. Así que cada seis meses, ponen otro suplemento, cambian la máquina, cambian de sitio donde tienes que pagar el suplemento o crean una nueva máquina para el suplemento. 

En estos casos el protocolo suele ser el mismo: llego, hordas de gente por todas partes, hago cola,  me doy cuenta del cambio, me acerco a la máquina, la miro fijamente, flipo con la subida del billete, pienso “que eso no puede ser tan difícil”, “que eso lo has hecho muchas veces”, “que tú eres de aquí, de Madrizzzzz”, veo que igual la lio, pienso que igual es que ese no es el modelo de máquina que tengo que utilizar, hago otra cola, llego a la máquina, pienso “que eso no puede ser tan difícil”, “que eso lo has hecho muchas veces”, “que tú eres que tú eres de aquí, de Madriz”, veo que igual la lio, me decido a buscar a un trabajador del metro, el trabajador te suelta “s’hombre sssi esssto es mu faciiiil” con este deje madrileño. "Tu eres de aquí verdad?" con esa cara de "pero como que no sabes esto". Creo que la pregunta suele estar motivada por mi inconfundible acento de Carabanchel, porque imagino que en el metro del aeropuerto algún extranjero llegará el pobre o la pobre, sin saber necesariamente como utilizar la maldita máquina de los suplementos…. Me explica muy amablemente algo en apariencia fácil e intuitivo, a mí me dan ganas de coger el avión otra vez de regreso, pago y entro en el metro. Es difícil de explicar, pero es una de estas situaciones en las que me siento muy extranjera.

Una vez que estoy viajando dentro del vagón, entramos en la segunda fase que consiste en flipar con lo ordenado que esta todo y con los rasgos de la gente. Esto último dependiendo de donde regrese. Cuando vas a otro lugar donde los rasgos de la gente son diferentes a los europeos, todos te resultan muy parecidos al principio, necesitas tiempo para aprender a diferenciar los detalles de los rasgos, etc. Pero llega un momento en el que te haces al fenotipo, como dice un amigo mío. Bueno pues eso mismo te pasa cuando regresas y te montas en el metro. A mí se me hace rarísimo ver a la gente. Son como exóticos pero no, porque son los rasgos que llevo viendo casi toda mi vida y que, por cierto, son los míos. Por supuesto intento que no se note que los veo así:


Mientras nos vamos preparando en esto de que durante un tiempo todos nos veremos así:





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